Escribir...


Entre lo de Pablo Casado, Ayuso, los líos del PP y el cabrón de Putin haciendo de las suyas en Ucrania, he tenido unos días de mucho trabajo. No solo me dedico al marketing, sino también a los trackings de opinión y electorales. Os podéis imaginar que al darse estas dos cuestiones tan cercanas y casi simultáneas, no he parado.

Me encanta lo que hago, la verdad, pero a veces es demasiado estresante e intenso. Por eso me relaja escribir. Lo hago por las noches, generalmente. Cuando ya no hay ruidos, ni teléfonos, ni Twitter ni mensajes de nada. Silencio, un par de onzas de chocolate negro, un flexo y poco más.

Crear historias me apasiona. Veo a mis personajes en sus vidas, hablo con ellos y me pongo en su lugar. También es cierto que, de vez en cuando, se me escapan y hacen lo que quieren en sus páginas. En esas ocasiones, no soy capaz de reconducirlos. Me da pena, que si he escrito algo, movida por la inercia de un personaje o me he dejado llevar por él, borrar esa escena. Intento encajarla, hacerla creíble y que cuadre con el resto de la historia. Eso, en ocasiones, me creo algún contratiempo, porque no estaba previsto que sucediera, pero, generalmente, cuando sucede esto que estoy diciendo, es por algo. Significa que el personaje ha conseguido tener vida propia, personalidad suficiente como para hacer que la historia fluya a través de él y no de mí. Y eso, queridos, me gusta mucho. Llego a emocionarme y consigue animarme a continuar. Ayer me pasó. casi dando el punto final a la segunda parte de la historia de Andrés/Jorge y Vicky. No es que fuera un giro de guion complicado, pero sí una pequeña vuelta de tuerca que cambiaba lo planificado. Eso, sin duda, corazones, hará que la tercera parte, también tenga algún detalle añadido que no había pensado ni planificado.

No sé si hay más escritores a los que les sucede esto, pero os prometo, que a mí, sí.

Besazos

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