El casco viejo de Marbella


Me apasiona.

Muchas mañanas paseo tranquila por sus calles. Me tomo un café y miro a la gente.

Sus calles encaladas, peatonales, llenas de tiendas pequeñas, de restaurantes, de vida...

El casco viejo de Marbella son recuerdos de mis veranos de niña. De chocolate con churros, de boquerones fritos, de alegría y de vida callejera.

Me enamoró el día que supe ver la esencia de las personas. De que la vida es maravillosa y que es importante saber vivirla. Que más valen los minutos que vives que el tamaño del reloj que llevas. Que un café con una amiga es más apasionante que la mejor de las aventuras. Que el mar puede ser de un color blanco encalado, de calles pequeñas, estrechas y que laten.

De día, de noche... Cenar en Altamirano, en Entre Limones, en Stuzzikini, en La Niña del Pisto, tapear en el bar Estrecho... La Plaza de la Encarnación, la de los Naranjos, la casa del médico de los últimos de Filipinas, Rogelio Vigil y Quiñones, la Legión en la Semana Santa...

Mi Marbella...

Mi casco viejo...

Mi niñez y mi vida.

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