Cónclave de chicas.


Hace una semana tuvimos cónclave general. Fuimos todas. Sin excepción: servidora, la Helen, Ana, la madre Mer de Calcuta, Maca, Magda la Cupkake, María, Leti, Cris, Y es que la situación lo requería. Nuestra amiga Magda se ha enamorado. Una vez más... Y María, la moderna, también. Ya no queda nadie libre, chicos. Una circunstancia así, obliga, corazones.

Empecemos por la Cupcake. La llamamos así, porque Magdalena, nos parecía poco sofisticado y ella, lo es. La pobre, en su antigua relación, descubrió que tenía más cuernos que un saco de caracoles y tras aquello, andaba con más cuidado que un cojo cerca de un barranco, pero al final, ha vuelto a caer. Yo me alegro, porque ella es de las que gana estando con alguien. Da mucho y eso le hace ser mucho más positiva.

Bueno, pues le pegamos un repaso al nuevo, total. Le hicimos la ficha completa y salió bien parado. Es verdad que hubo quien propuso llamar a su primo un capitán de la Guardia Civil (muy guapo, por cierto) para trastear en la base de datos de detenidos, psicópatas e infieles. Helen, por su parte, apuntó que también podíamos mandar a alguien, de esos de gimnasio que ocupan más sitio que un armario de dos puertas, para explicarle las bondades de portarse bien con nuestra amiga. Yo, que soy la prosaica dije que lo mejor era invitarlo a una fiesta y hacerle un repaso generalizado entre todas, de forma disimulada o no, pero completo.

Al final, gané yo.

Sobre María, la moderna del grupo, la que nos ponía al día sobre el último modelo de satisfayer, de los restaurantes de moda en Oslo o del último estilismo de alguna famosa de postín, también ha caído en combate. Y lo peor es que la muy guarra nos lo había ocultado durante casi un mes. Tuvo que pagarnos llevar una botella de ron Zacapa en desagravio, a la reunión. Y me parece poca cosa, la verdad. Nos supo a poco, con lo que al eso de las diez, tuvimos que llamar a los chicos para que acudieran al rescate.

Bueno, sigo que me pierdo. Sabedora de su pecado, fue ella misma quién nos contó, finalmente, cómo sucedió. Y quién era y a qué dedicaba su tiempo libre. Un antiguo amigo de la universidad, un año más joven y que ha estado trabajando en el extranjero durante dos años. La verdad es que pegan todo. La foto del chico, promete. Alto, guapete, moderno, con estilo, mirada interesante, currículum de esos que dices en qué habré estado yo pensando estos cinco o seis últimos años... La cosa es que volvimos a proponer lo del tipos con más músculos que una culebra llena de bolas o el recurso del benemérito primo de nuestra amiga. Lo que pasa es que azuzadas por el Zacapa, se iban sumando detalles a las ideas propuestas. El flexo en la cara, el seguimiento policial, la consulta de sus antecedentes penales hasta terminar con un secuestro para medir su valentía y si no era un holograma sacado de alguna película de ciencia ficción.

Al final, a eso de las once de la noche (habíamos empezado a las seis de la tarde) vinieron los chicos a nuestro rescate con un par de botellas de ron Barceló, y a cenar con nosotras. Encontraron a un grupo de locas que parecían haber resuelto los problemas del mundo, con más hambre que el Tamagochi de un sordo. Superado el cónclave, ya todos, chicos y chicas, nos pusimos a cenar algo sencillo, de picoteo. Salvo la tortilla de patata de mi amiga Amaya que es de locos, y que la hizo mientras escuchaba y opinaba de todo lo acontecido con nuestras dos amigas. Hizo tres...

Pues esto es todo. Muak, corazones.

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