Así empieza la segunda parte de "Futuro imperfecto"

Las chicas como yo nunca

besamos en la boca

(Vicky)



Las putas no besamos en la boca nunca. O casi nunca. Y si lo hacemos con un cliente, mentimos. Lo cierto es que muy pocas veces decimos la verdad. Aunque con quien estemos esa tarde o esa noche sea agradable o nos caiga bien. Es inevitable pensar en un sentido estrictamente monetario y evitar contactos que puedan significar, aunque sea mínimamente, otra cosa. Y un beso, en ocasiones, es mucho más íntimo que acostarse con alguien.

Un cliente es lo mismo que un fajo de billetes. Nada más. Ni tampoco podemos permitir que traspase esa línea. Una hora, una noche. Sexo, conversación, paseos por la playa, cenas… Lo que sea, pero monetizado.

No somos mujeres normales, aunque tengamos como todo el mundo, sentimientos o ilusiones. En mi caso, todo lo que yo considero como el inicio de mi vida en la prostitución, viene de mi familia. O de lo que a duras penas puedo llamar así. No conocí a mi padre. Las pocas veces que mi madre me contó algo sobre él, siempre me dijo que era un hombre muy apuesto, de una gran familia y que no podía hablar porque se formaría un escándalo mayúsculo. Tonta de mí, yo me lo creí… Hasta que, con doce años, supe la verdad. Mi padre era parecido a mi madre. Alguien sin futuro y un pasado turbio. Al parecer, con alguna condena en firme y una huida a algún país sudamericano. Ni siquiera lloré cuando lo supe. Creo que fue tanto el impacto de conocer la realidad, que me dejó absolutamente noqueada, impactada. Incapaz de reaccionar.

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